
Mayor soy y para mayores cosas he nacido que para ser esclavo de mi carne.
Séneca
El esoterismo, que es la denominación más moderna de las llamadas ciencias ocultas de la antigüedad, abarca una gama de conocimientos tan grandiosa y sublime que por su enorme complejidad no puede ser definida con exactitud. Sólo cabría decir que es la síntesis de la Divina Sabiduría, la Verdad, la eterna realidad de las cosas.
El origen de esta Divina Sabiduría o Teosofía, como también se la designa, se pierde en la oscuridad de los tiempos y sin duda esta oculta tradición es la más antigua, profunda y completa revelación de los divinos misterios que haya sido dada al mundo por jerarquías pertenecientes a otras esferas.
Es por ello que en cada generación unos cuantos sinceros e iluminados pensadores, comprendiendo la trascendental significación de esta doctrina han investigado y restaurado la Sabiduría Arcana para el provecho y redención de la humanidad.
Basta recordar en este sentido a algunos de los más ilustres nombres de nuestro mundo occidental: Pitágoras, Roger Bacon, Paracelso, J. Boheme, R. Lulio, St. Germain, Blavatsky, etc. y otros muchos iniciados quienes dedicaron su vida y sus esfuerzos a descorrer el velo de los misterios que la naturaleza tan celosamente oculta

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